20/7/07

O señor Puig segundo Javier Olave

CAPÍTULO 1: OLAVE

Lembrádesvos da palla mental sobre o señor Puig? Cando lla enseñei a Curra pregunteille qué lle parecía, e ela díxome: "Me gusta mucho, pero es más bonito lo que escribió Javier Olave". Efectivamente.

Estaba pensando se poñer o meu texto ou o de Olave para esta entrada de presentación do señor Puig e lembrar aquela conversa fíxome decidir. Este artigo resume todo o que foi-é, un dos motivos polos que me fun das motos... e por qué me axudou a volver. Aí vos vai
(a caricatura é de Raúl Arias)

Quero dedicar esta entrada a Isidro que acaba de sacar unha das mellores notas nas súas opos, porque está invadido polo espíritu do señor Puig (ás veces non sei con cal dos dous estou falando, JaJa) e porque ambos me demostraron que o esforzo, o sacrificio e a honestidade persoal e profesional teñen a súa recompensa nalgún momento (aínda que ámbolos dous a merecían antes).
sábado, 29 de noviembre de 1997
ALBERTO PUIG
Volcánico, agrio y colérico, también ha sido el piloto más honesto del mundial. Ha hecho las maletas con un solo triunfo, uno de los más bellos del motociclismo patrio. Casi dos decenas de quirófanos han tenido la culpa de que se jubile sin el título que estaba determinado a conseguir

JAVIER OLAVE
"Manolo, si gano el domingo...¿se cae Jerez?". "Alberto, si ganas el domingo... se cae España". Puig bromeaba con el manager del equipo, Manolo Burillo. Eran las vísperas del 7 de mayo de 1995. La memoria recordaba un triunfo en 500 de Alex Crivillé en Assen, en 1992. Pero aquello fue un sueño, una combinación de genio y circunstancias, una convulsión afortunada y profética. Cuando Puig y Burillo hablaban, sólo el segundo lo hacía en serio. El primero soñaba en voz alta y con ironía. Estaba en plena forma, pero ganar el Gran Premio de 500 en Jerez... Se cae España.
El 7 de mayo de 1995 Michael Doohan se escapó de todos menos de Alberto Puig. El español, descolgado de su rueda, no aflojó el ritmo. Enviaba su aliento a Doohan (el koala) como único medio de presionarle. Y Doohan, perseverando en su fuga, se cayó. Alberto Puig se quedó delante y solo, en cabeza del Gran Premio, en uno de los instantes más importantes de la historia del motociclismo español. Unos kilómetros después, Jerez se caía, se caía España y Alberto Puig de la Rosa se subía a lo más alto del podio. No había ganado nunca ninguna carrera. La primera, la única a la postre, fue una de las más valiosas del motociclismo español. Doohan era entonces un marciano inasequible (absolutamente inasequible) y varios de sus colegas amargaban también las esperanzas españolas. Aquel triunfo, en aquel momento, de aquel modo, fue realmente intenso.
"Antes de llegar a Jerez pensé acerca del significado para mí de las carreras. Y me di cuenta de que lo que quería era ganar, que o lo hacía o tendría que dejarlo", dijo nada más bajarse de la moto. Si todo hombre es dueño de lo que calla y rehén de lo que dice, Puig se encerró con aquella declaración en una jaula de honestidad. Porque en los dos años siguientes a esa carrera ha esculpido con hechos lo que dijo: se reventó una pierna dos meses después tratando de ganar; se ha retirado dos años después porque ya no puede hacerlo.
Ese chico que se coló en la pantalla de televisión el día de su debut, con un casco que le prestó Sito Pons, bajo el diluvio del Gran Premio de Francia de 1987, ha hecho las maletas con un solo triunfo, uno de los más bellos del motociclismo patrio. Se lleva intacta su dignidad: a sus 30 años, podía haber buscado dinero fácil tres años más, afirmando su objetivo de ser Campeón del Mundo y justificándose después, domingo a domingo, con eso de que "mi moto no corría hoy" o "no he tenido suerte". Lo han hecho muchos, casi todos, es lícito y humano... Pero Puig, el volcánico, el agrio, el colérico, es también el honesto. El empleó exactamente esa palabra: "La retirada es la solución más honesta". Fin.
Cuentan que cierta vez un piloto justificó un mal resultado porque "había perdido la lentilla en una frenada". Y que un colega suyo, que se había caído, se excusó así: "Mi rueda trasera ha patinado porque he pisado la lentilla que había perdido éste". La ironía del segundo muestra el ambiente de los grandes premios: allí conviven 70 campeones del mundo. Los 67 que no lo son a final de año han sufrido problemas ajenos que han mermado su irrefrenable talento. En ese contexto, Puig es único. Cuando dijo que se había quedado sin neumático, mostró las lonas de la rueda. Cuando no fue así, confesó que lo habían hecho mejor que él, o, como en este 1997, que "voy mal, no es culpa de la moto ni de nadie más que yo". Es un tipo de fiar.
Casi dos decenas de quirófanos tienen la culpa de que Puig se jubile sin el título mundial que estaba determinado a conseguir. Hombre de crestas y valles, sufrió una cruel caída en Fukuroi, en 1990. Durante meses caminó con muletas. Sólo se bajaba de ellas para subirse a la moto de carreras. Luego, le operaron los antebrazos. Finalmente, dos meses después del triunfo de Jerez, llegaron las 12 de la noche del 20 de julio de 1995. Fue 12 días antes, a 262 kilómetros por hora, cuando se cayó en la curva de final de recta en Le Mans y paró con las piernas contra un muro asesino. Literalmente, se reventó una pierna. Según él, días después, "ha sido una masacre".
A las 12 de la noche del 20 de julio, en un quirófano de la clínica Dexeus de Barcelona, un médico muy experimentado se dio por vencido: "No me atrevo". Sólo restaba la amputación de la pierna izquierda, por encima de la rodilla. Otro médico, Eusebio Sala Planell, se la jugó. "Había que apurar hasta la última oportunidad". Puig iba a quedar cojo, apoyado en una prótesis el resto de sus días. Pero tras una operación dramática, conservaba algo que con el tiempo se parecería a una pierna.
Después de aquel drama, Puig lo intentó. Hablaba de volver para ganar, como hizo Doohan, como hizo Niki Lauda... Fracasó. Volvió a subirse a un podio un año después, precisamente en un Gran Premio de Francia, pero en otro circuito. Pero, poco a poco, se apagó. Se encerró en su carácter. Dormía, se levantaba, comía con ideas fijas. Se comía el coco a todas horas. Obsesivo con todo, acabó agrandando en su interior el tamaño de sus fantasmas. No dejó que le ayudaran; algunos pusieron poco interés en hacerlo. Puig de la Rosa se marchitó. Tras 22 años de trial, motocross y velocidad, dijo que lo dejaba. Adiós.

Por alguna esquina, ligado al mundo de la moto, volverá a aparecer. Tanta intensidad vital, un corazón tan grande, un tipo con tan malas pulgas no puede confundirse jamás con el paisaje.


CAPÍTULO 2: VÍDEOS
Para @s que nunca virades ó Sr. Puig en acción, aí vos van algunhes enlaces con vídeos seus:

CAPÍTULO 3: MARC MARTÍN
Estoutra escribiuna Marc Martín fai unhes meses, e tamén ilustra sobradamente o carácter do individuo, non ten desperdicio. Titúlase "Alberto Puig: a mí no me engañas":

“Para un periodista la información es poder y un periodista vale lo que valen sus fuentes”. Esto siempre se ha dicho y creo que es totalmente cierto. Está comprobado que manejar buena información es a lo que todo periodista debe o debiera aspirar. Hay informaciones que tienen fecha de embargo (te lo digo pero por favor no lo “sueltes” hasta mañana por la tarde) y otras que son totalmente libres. Me refiero especialmente a las informaciones extra, aquellas que aportan algo más de lo que podemos leer en los comunicados oficiales que generan los departamentos de prensa. Son las informaciones más valiosas y, proporcionalmente, las más difíciles de conseguir.
Hace unos días cayó casualmente en mis manos una información relativa a la personalidad de Alberto Puig que mi fuente me pidió encarecidamente que no “soltara”. Pero por una vez y sin que sirva de precedente tengo la obligación moral de utilizar esa confidencia. Creo que el motivo lo vale. Y es que ya va siendo hora de que se descubra al verdadero Alberto Puig.
Primero un poco de historia. Resulta que hace unos años Toni Elias salió de la estructura de Movistar en el campeonato del mundo de 125cc donde formaba equipo con Joan Olivé y Dani Pedrosa. Las relaciones entre Alberto Puig y “Toni Elias + entorno” se habían deteriorado tanto que ambas partes tomaron caminos diferentes. A pesar de la voluntad de Telefónica por reconducir la situación, Puig y Elias no volvieron a entenderse. Y diría más: ni se hablaban. Cada uno a lo suyo.
Pues bien, el miércoles 4 de julio de 2007 sonó el teléfono móvil de Toni Elias, convaleciente en su casa de Manresa de la lesión de fémur que se produjo en una caída en los entrenamientos libres del GP de Holanda:
Riiiiinnnng
- ¿Sí?
- ¡Toni!
- ¿Quién es?
- Soy Alberto.
- Hombre Alberto, tío ¿qué pasa?
- Oye te llamo para saber cómo estás. ¿Cómo te encuentras, cómo llevas la operación?
- Voy haciendo, ahora comienzo a doblar la rodilla. Bien, por ahora bastante animado…
- Oye ahora lo que tienes que hacer es pensar en la recuperación. ¡Pero sólo en eso! Ni moto, ni carreras ni nada de nada. Sólo piensa en ti y en recuperarte bien, me has oído ¿verdad?
- Sí, sí, claro…
¿Véis a lo que me refería? Ése es Alberto Puig. Detrás de una careta de persona esquiva, seria y a ratos malhumorada e incluso huraña se esconde un tío legal, solidario. Puig sabe perfectamente lo que siente ahora mismo Elias. Lo sabe muy bien porque él sufrió –y todavía sufre- las consecuencias de una grave caída compitiendo encima de una moto de la categoría reina. Y ese día sintió que Toni Elias iba a agradecer una llamada de ánimo. Se tragó el orgullo y marcó el número de teléfono –que todavía guarda en su agenda- de Toni.
Al día siguiente me acerqué a casa de Toni para realizarle una entrevista para el Telediario. A la pregunta: “Suponemos que habrás recibido multitud de muestras de cariño…”, Toni contestó: “Sí, estoy muy agradecido y además sorprendido porque me ha llamado incluso alguien que yo pensaba que no era amigo mío…”
Os diré más de Alberto Puig: en el Gran Premio de Catalunya, a última hora del jueves anuló varios compromisos de categoría con sponsors porque consideró que era más importante acudir a un acto de la Fundación Dakar Solidario. Por compromiso moral con esa causa y con el Doctor Xavier Mir, que tanto ha hecho por él.
Alberto Puig nunca confesará lo que acabas de leer. Él es así, íntegro. No necesita de contratos firmados para comprometerse. Un apretón de manos es para él más importante que un garabato en un papel. Y esto hay que decirlo ¿no crees? Igual que a veces se le reprocha su rácana expresividad y comunicación, es justo elevar estos hechos para extraer un buen mensaje.
No tengo ninguna necesidad de hacerle la pelota a Alberto Puig, podéis creerme. Sin ir más lejos, el otro día nos montó “un pollo” por haber sospechado en TVE que se reunieron con Suzuki en Assen para hablar del futuro de Pedrosa. Pero me da igual. Como diría mi compañero –y a ratos amigo- Ernest Riveras, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Lo que considero justo, lo digo. Y así es como veo yo a Alberto Puig. Al auténtico. A mí no me engaña.


CAPÍTULO 4: O SÍMBOLO PUIG
Aí vos vai a historia daquel soño que tiven un ano antes de decidir voltar ás motos, soño que releo cando as cousas van mal e que, polo que me din @s que o leron, funciona a calquera como inxección de espabilina positiva, aínda que non saiba quén é o señor Puig:

O símbolo Puig


Sei que levo tempo sen “deleitarvos” coas miñas pallas mentais. Os motivos... qué máis dá iso agora, só importa que as sigo tendo, irreprimibles e excesivas —en cantidade e calidade— coma sempre. De feito é o único que permanece invariable, dentro das súas infinitas variacións, en min.

Hoxe quero falarvos do Símbolo Puig. Nada novo: unha desas mensaxes oníricas que o subconsciente envía ó consciente.


O soño

Unha epidemia mundial, unha peste de morte, paralizara todo. Nin coches pola estrada nin xentes nos camiños. Todos infectados... agás miña Avuela e eu. Por eso a súa casa en Santa Comba se convertera nunha especie de hospital improvisado de escasísimos medios. Salas inmensas cheas de xente tísica agonizando e tusindo, ínfimos nos seus catres sobredimensionados para tan mínimos corpos. E nós exerciamos de enfermeiras desesperadas. Unha vida era o mundo cando o mundo morría.

Coma sempre, como eu son, avogada de causas perdidas, funme entregar ó máis indefenso dos moribundos, que lembro como unha gatiña minúscula de poucas semanas, que coidei coma se dunha filla miña se tratara. Todo o meu esforzo viuse incriblemente recompensado coa súa acelerada melloría.

No momento en que colleu suficientes forzas, a gatiña tirouse da cama e botou a andar cara ó fondo daquela sala infinita. Alí no medio había un burato escuro que semellaba non ter fondo. Corrín tras dela para que non caera naquela inmensidade aterradora. A miquiña dudou un momento, o tempo xusto para que eu tentara mirar o que alí dentro había... pero non puiden, non podía vence-lo medo. Por fin, ela tirouse, e eu non tiven máis remedio que ver o burato...
Alí abaixo, nunha especie de palleira con alpacas, unha chea de xente nova celebraba unha festa. Todo estaba iluminado, en contraste co tempo de chumbo no que conviviamos coa peste. Non vía a ninguén coñecido, en principio, que me animase a participar daquela alegría e sabía que debía volver á miña responsabilidade cos doentes.

Xusto debaixo do burato había unha roda como esas nas que xogan os nenos nos parques. Nela xente deitada dando voltas e disfrutando da vertixe. Foi entonces cando o vin alí, deitado na roda, vestido co seu mono azul do 90, coas súas greñas onduladas, ingobernables, e a súa cara de boneca fría. Era Alberto Puig, tal e como o vin a primeira vez.

Puig era o que necesitaba para tirarme sen medo. Ó velo boteime en voo directo. E caín riba del sen dor nin medo xa. Mireino e sorriume e apertoume afectuoso. Sentinme tranquila, mirei á porta e alí estaba miña Avuela, sorrindo, disfrutando daquela festa, sen mácula de preocupación na súa face, como se todo tivera acabado xa.


O contexto

Soñei isto cando estaba facendo o CAP, ilusionada porque despois das eleccións saíse a beca de teatro do Consello, ilusionada por irme a Compostela, ilusionada por traballar con Cándido Pazó nos seus proxectos teatrais, ilusionada por preparar as miñas oposicións de Historia con tranquilidade e con cartos no peto, ilusionada coa miña tesiña de Commedia dell’Arte... ¿lembrádesvos?

E nese contexto, tan alleo ás motos e despois de tanto tempo sen lembrarme delas... ¡¿aparece Puig?! Cando espertei, pensei que fora un salto intranscendente de chip, efecto quizais dun exceso de Red Bull, vodka e festa. E non lle dei importancia ningunha.

Logo pasou o que xa sabedes: o tedio do CAP, a desgana de Candi, os recortes no Consello, o fracaso (persoal) do Corto-Conto, as oposicións aceleradas, o paro... E Charly, as lembranzas, os motores, e o anxeliño de Curra que se me cruzou para darme a forza de marchar e “volver á casa”. E apunteime neste ciclo de Automoción no que resucitei e sentín a felicidade e a harmonía interior que levaba tanto tempo sen vivir, se é que algunha vez a tiven.



A explicación

Sei o que estaredes pensando —sobre todo ti, Bea, que me tes por meiga sen atender ós meus razoamentos lóxicos—, pero todo ten unha explicación ¡sen ter que ir a xunto de Puig a preguntarlle! Nunca me vou a cansar de repetir que os soños non son máis que mensaxes internos sobre cousas que xa sabemos e que, nalgunhes casos, non nos atrevemos a recoñecer.

Se me levo polas teorías interpretativas de Deco (o único estudioso deste tema que exclúe totalmente as premonicións e as supersticións nas súas teses), o soño ven sendo unha loita interna entre un presente interior caótico, acabado e dexenerado, e un futuro do que aterra a súa incertidume; que se resolve nun retorno ás raíces, ó que chamaría Coelho “Historia Personal”.

@s que me coñecedes de hai tempo sabedes cómo deixei as motos e por qué. E sabedes que, ata non hai moitos meses dicía: “motores, si; motos, pode;... competición, ¡nin de coña!”
Verdadeiramente as carreiras eran, cando estaba nelas, o único motivo polo que podería ter renunciado a todo, e así o fixen, en certo modo, daquela. Ata que xurdiu o desencanto.
O desencanto tiña nomes e apelidos. Algunhes deles (poucos) traspasaron a fronteira da afición que nos unía e chegaron ata hoxe no meu “peto das esencias sen esquecemento”: Óscar, Toni, Javi... Os outros, ou ben estaban no “purgatorio” (Charly, OSSA) ou ben directamente no inferno.

Deste xeito, se soñara con Óscar, por exemplo, igual que cando soño con vós, collería inmediatamente o teléfono, agardando novas froito das nosas conexións telepato-oníricas. Nin que dicir ten que, se fosen os meus demos os que portaran a mensaxe, ¡quedaría vacinada por outros dez anos contra as motos e todo o que lles vinculara!

Hai que ver qué listos son os nosos subconscientes. ¿Cánto tempo lle levaría ó meu atopar un símbolo puro, limpo, honesto, unha imaxe de confianza coa que eu puidese ir á fin do mundo cos ollos pechos e sen dudalo? Ese é o “símbolo Puig”, alguén a quen admirei desde nena e con quen nunca tiven vínculo persoal, nin intención.

O soño foi precioso, pero non me decatei ata hai menos dun mes, nun dos peores momentos da miña vida, do seu significado. Nada de premonicións, Bea, nada de trascendencias. Aquela palla onírica veu para dicirme algo que igual vos pode parecer unha perogrullada pero —reflexionai un pouco— que en determinadas circunstancias se torna imposible de distinguir. Veu para dicirme qué era o que realmente desexaba, o que proía por saír do fondo de min, o que levaba tempo buscando sen éxito.


Puig hoxe

A verdade é que non debería escribir esto, porque pode alimentar en vós as recreacións supersticiosas que eu con tanto esforzo trato de erradicar interpretándovos racionalmente o que soño. Pero quero escribilo, porque me parece realmente precioso, porque se me cae a baba como se fose eu mesma que o está facendo.

Puig está cumprindo o que eu, cando estaba nas motos, soñaba facer algún día. O último que souben del, desde que os meus amigos se retiraron, era que el tamén deixara de correr e que se adicaba a facer de comentarista deportivo a pé de pista nas carreiras do Mundial.

Tamén, hai un ano, coñecín a un rapaz vasco, un amigo dos meus colegas gais, que correra nunha copa de promoción de pilotos noveles e que me dixo que detrás daquel campionato cazatalentos estaba Alberto Puig. Eu non lle dei ningunha importancia ó asunto, nin lle preguntei máis polo tema.

Hai unhes meses vin unha carreira do Mundial en Jerez. Vina, como estou seguindo tódolos campionatos de coches, “por honestidade profesional”, para que non me pasara no taller como á tipa do videoclube á que lle pedín “Morte en Venecia” e me dixo que non a tiña, ¡que se me valía “Morte en Granada”! O caso é que ver Jerez, despois de tantos anos, me sentou bastante mal, pasei as tres carreiras chorando como unha Magdalena... e ós dous días decidín chamar a Charly e facer as paces con el. Logo non me atrevín a velas outra vez ata o verán e disfrutei como unha anana... ¿quén gañou? ¡o neniño de Alberto Puig! que, por certo, xa é campión do mundo.

O primeiro día que falei con Toni lembro que lle dixen, nun alarde de pedantería (escusable cos meus 14 aniños), que soñaba “fomentar el motociclismo de base”. Pois ben, a eso se adica o señor Puig, a axudar ós nenos que non se apelidan Nieto nin están podres de cartos a conseguir o seu soño, coidándoos para que non lles pase como a Charly. Se eu puidera, non o había facer mellor (xa estou babexando).



Eu hoxe

A verdade é que non estou no meu mellor momento. Acabo de saír dun mes de médicos e hospitais. Á mai de Curra atopáronlle un quiste, Curra púxose fatal e estiven con elas todo o tempo. Foi moi duro, e triste, pero agora estamos máis esperanzadas porque se anima a someterse á quimio. A verdade é que o pasei mal, pero tamén é verdade que nunca pensei que puidese aguantar tanto. Naqueles momentos, no que me parecía que o mundo se me viña encima, só o “símbolo Puig”, a miña ilusión por volver ó mundo onde me criei, me axudou a terme en pé cun sorriso na boca.

Agora estou planeando con Bea, a miña mecánica, que estivo sufrindo todo esto comigo, unha viaxe a Barcelona. Alí verei a Charly (se me deixa) e dareille unha segunda e condensada oportunidade ás miñas vacacións. Non vos preocupedes, estou ben, con máis forza ca nunca para loitar contra todo e disfrutar da vida segundo veña, o que vaia a pasar con Charly pode ser peor, pero non me pode mancar máis que este verán horrible. E levo sempre comigo o “símbolo Puig” para tirar de min se as cousas se torceran.

Que vos quero xa o sabedes, e que me gustaría tervos aquí, tamén. Pero bueno, ¡deixar constancia nunca está de máis!

VIKAZZOS



CAPÍTULO 5: THOM

O señor Puig segundo Thom

http://moteracos.blogspot.com/2008/02/alberto-puig.html ...gràcies Thom, força Puig!!!

mil perdones por tener el blog sin actualizar.pero es que me he vuelto un ludapata de la consola.
pero lo retomo con fuerza puesto que ya mismo empieza el mundial de motos de este 2008.
con vuestro permiso voy a colgar un video de mi idolo.del que para mi (con permiso de criville) a sido el mejor piloto de 500 en toda la historia del motociclismo español.alberto puig.
que bueno que era alberto con la nsr 500,que estilo de pilotaje y que putada lo de su accidente que le dejo una pierna que utilizando buenas palabras,da poco menos que asco.
con el tema de alberto,nos viene a la cabeza la eterna pregunta.que habria pasado si no se cae?hubiese ganado a hoodan?bueno.doohan era mucho piloto de dios.pero...ese era el año de alberto.nos quedaremos con la duda,pero yo hubiese apostado por el gran puig.
los que seguis el mundial.sabreis como termino la cosa,alberto volvio.pero ya no fue el mismo,por culpa de su maltrecha pierna.
dejo de competir y se dedico a comentar el mundial para tve.pero claro,tenia el gusanillo de las motos.el queria volver de una manera o de otra.y creo una escuela de pilotos.
fijaros el mal ojo que tendra para elejir ganadores.que de ella an salido,un tal dani pedrosa,toni elias,stoner y un largo etc de grandisimos pilotos.
cuando stoner gano este ultimo mundial de moto gp.todo fueron agradecimientos al que a sido su mentor y maestro.el gran alberto.
y el resto de la historia ya la conoceis.esta con pedrosa a muerte,y hasta que no logre hacerlo campeon de moto gp,no parara
aqui os dejo unos videos de alberto puig.en una epoca en la que habia pilotos de verdad,(...)



CAPÍTULO 6: ALGUERSUARI

Lo que nunca había dicho... ou o que Alguersuari lle deixa dicir!

Alguersuari cáeme mal. Moi mal. É egocéntrico ata límites extremadamente insultantes. Cando era pequena e lía as súas editoriais na SoloMoto, poñíame de mala hostia sólo con miralo na foto e, por sorte, daquela non tiña rede, e non o tiña que ver en movemento ou escoitarlle a voz, que é peor.
Por primeira vez na miña vida alégrome de velo, ou, máis ben, resúltame soportable a súa presencia, porque o que fala (ou intenta falar) ó seu carón é o señor Puig. Esta entrevista merece ser escoitada porque, a pesares das constantes interrupcións ególatras e as preguntas autorrespondidas e cizañeiras do "entrevistador" (parece mentira que este tío sexa periodista), o que di Puig, coma sempre, non ten desperdicio a pesares de todo. [Fernando, podes empregar estes vídeos nas túas clases para ensinar o que nunca debe facer un entrevistador... e a sorte que é ter un entrevistado con paciencia e boa fe!!]
Por certo, o que teñen detrás é a OSSA de Santi Herrero (hai un momento no que o Sr. Puig se apoia nela que case me da algo, para qué o vou negar... outro dos meus soños infantís que este tío cumple con toda naturalidade!!)
















CAPÍTULO 7: BEA
O señor Puig segundo Bea

Fai unhes días atopei unha entrada na bitácora de Bea "Un lugar del corazón" sobre Puig. Bea escribiu esto para lembra-los seus encontros con el, para reivindica-la súa figura pero, sobre todo, para enviarlle forzas para o momento complicado que están a atravesar no equipo. O caso é que, benvidas casualidades, surtiu efecto, e onte gañaron a carreira á marxe de tódalas quinielas periodísticas que se empeñan en avinagra-las feridas e os ambientes. Estes son algunhes fragmentos da entrada que publicou Bea, pero se queredes vela completa, aquí vos deixo o enlace:


"Pero si alguien ha contado siempre con mi admiración y respeto ha sido Alberto Puig. A día de hoy está retirado de la competición y es manager del gran Dani Pedrosa."

"Alberto es de esas personas que, personalmente, creo que no pudo demostrar todo lo gran piloto que es (o ha sido) por las numerosas lesiones."

"Después de aquel drama, Puig lo intentó. Volvió a subirse a un podio un año después, en 1996, precisamente en un Gran Premio de Francia, pero en otro circuito Paul Ricard. Recuerdo perfectamente aquel día...cuando le vi cruzar la línea de meta, subir al podio....(se me pone la carne de gallina sólo de recordarlo).
Tan emocionada estaba que escribí una carta a la revista Motociclismo...mi sorpresa fue que la publicaran.... mi mayor sorpresa: que me llamaran del equipo de Alberto para agradecerme la carta...
Meses después Marca daba la oportunidad de hacer una pregunta a los tres pilotos españoles de 500cc (Alberto, Crivillé y Carlos Checa). Por supuesto llamé...y mi sorpresa fue que me pusieran a los tres al teléfono para poder formular mis preguntas directamente.... por no alargarme con detalles que conservo en mi cabeza como si hubiese sucedido ayer...resumo diciendo que en Mayo de 1997 asistí a las carrera de Jerez invitada por Alberto y ¡por fin! pude conocerle!
No os podéis imaginar lo que fue ese G.P... Alberto aún estaba en activo, aunque tuvo mala suerte en la carrera que no terminó por una caída. Lo que disfruté paseando por el paddock, haciéndome fotos con todos los pilotos que se cruzaban en mi camino, ja ja...hasta con el mismísimo Wayne Rainey!!!"

"El caso es que en noviembre de 1997, Marca celebraba una entrega de premios en el Hotel Ritz de Madrid... y me tocó! ja ja....gané una entrada a la cena y entrega de premios...donde volví a coincidir con Alberto que, para mi sorpresa, me recordaba... después tuve ocasión de acercarme a saludarle en el Jarama (Madrid) cuando seleccionaba a los pilotos para la Movistar Activa Joven Cup siendo él director del proyecto... Resumiendo...a día de hoy sigo manteniendo contacto (vía SMS) con él para cumpleaños, felicitaciones de boda, Navidades, etc... lo cual no sabéis lo que significa para mí."

"Por eso hoy me decido a enviarle desde aquí unas palabras de apoyo. Imagino que lo debe estar pasando mal con las caídas de Dani, que serán muchos los fantasmas que asomen la cabeza tras cada caída, pero si algo sé es que no escatimará esfuerzos, trabajo y dedicación para que todo salga lo mejor posible. Dani es una apuesta personal suya desde que le descubriese para la Movistar Activa Joven Cup...ha sido Campeón del Mundo en 125cc y 250cc (2 veces)...y yo deseo de corazón que lo sea también en 500cc.
Alberto es un tipo serio, trabajador...no se "va por las ramas" a la hora de hablar, ni de trabajar... por eso, a pesar de haber conseguido tan sólo una victoria en 500cc es uno de los pilotos (o ex-pilotos) más admirados y queridos por la afición que reconoce su esfuerzo, sacrificio y dedicación. Personalmente me siento muy orgullosa de haberle conocido...
Espero que las cosas empiecen a ir mejor en adelante....desde aquí sólo puedo reiterar mi admiración y respeto por Alberto... que, como se suele decir, lleva el motor en la sangre...ojalá que pronto pueda escribir para celebrar victorias!!!"


Gracias, Bea.



CAPÍTULO 8: Pérez de Rozas

O señor Puig segundo Emilio Pérez de Rozas

El deporte, especialmente el deporte, sólo se acuerda de los ganadores. Aquellos que lo intentaron pero, por las circunstancias que fuese, no alcanzaron sus objetivos suelen ser olvidados por la historia. O puede, sí, que queden en los libros junto a las gestas de otros, pero nadie sabe de ellos en el día a día. No hay memoria para quienes se quedaron en el camino.
El Mundial de motociclismo visita ahora un trazado mítico por sus 24 Horas de resistencia, por los coches, mítico por su ubicación, por su historia, por su tradición. Pero cuando yo acudo a Le Mans sólo tengo memoria, sólo tengo recuerdos, sólo tengo dolor, para un hecho que ocurrió en ese trazado, para mi ya maldito, en 1995.
Vamos a Le Mans y el dolor de uno de los grandes, de uno de los que pudo ser grandioso y que, finalmente, lo fue por su comportamiento, por su lucha, por su coraje, persiste en mi memoria. Porque lo viví tan cerca, y no sólo aquel día de 1995, sino en sus años posteriores, que no puedo por menos que recordarlo ahora y cada año.
Hace 15 años, Alberto Puig, que venía de dos podios en Italia y Holana y de una victoria monumental, casi única, bestial, brutal, apoteósica en el trazado de Jerez, frente a 100.000 entregados aficionados, sufrió en Le Mans el accidente que acabaría con su carrera deportiva y, lo que es peor, frustraría, seguro, sin duda, la posibilidad de que él hubiese sido el primer español campeón del mundo de la categoría 'reina'.
Puig atravesaba su momento dulce. Era su año. Cuando faltaban cuatro minutos para finalizar el entrenamiento oficial y definitivo del sábado de Le Mans, quiso conseguir la 'pole' para seguir impresionando al mismísimo Michael Doohan. Había pasado 20 veces por esa curva de derechas larga, veloz, rapidísima, llamada Dunlop. Lo había hecho como lo habían hecho todos "en quinta casi a tope", como me contó su ingeniero, Antonio Cobas, ya desaparecido. Pero en aquel giro, Alberto pensó: "Esta vez meto la sexta, ¡vaya si la meto!".
Y la metió. Y la trazó a 283 kilómetros por hora. Y, de pronto, la moto desapareció bajo su culo. Y Puig rodó 50, 100, 150, 200 metros por el asfalto. Y su mono de cuero se incendió. Y él acabó estrellándose contra un guardarrail. Lamentablemente el air fence, que entonces no estaba ni anclado, ni enterrado, bajo la tierra, bajo el asfalto, no detuvo su deslizamiento, no le frenó. Y su pierna izquierda quedó totalmente destrozada.
El parte médico fue: fractura de la meseta tibial y cabeza del peroné, rotura del ligamento lateral externo y del nervio cático poplíteo y parálisis del pie izquierdo. Puig no podía quedarse en Le Mans. Por eso improvisaron una avioneta-ambulancia. "Y fue ahí dentro", me contó el propio Alberto meses después, "muy mareado por los calmantes y el dolor que padecía, cuando pensé: Tranquilo, Alberto, tranquilo, has hecho lo que debías, pues si quieres ser campeón tienes que estar dispuesto a arriesgarlo todo".
Puig arriesgó más que nadie. Arriesgó su vida, algo más valioso que su carrera. A partir de aquel instante, Le Mans entró a formar parte del lado oscuro del motociclismo español y aquella maldita curva acabó con las esperanzas de millones de aficionados que, aquel año, aquel año sí, veían a Puig campeón del mundo. A partir de aquel momento, millones de pesetas invertidos en operaciones, viajes y recuperación. Veinte operaciones, cientos de visitas a la clínica Dexeus, decenas de visitas a la clínica Mayo, de Rochester (Estados Unidos) y alguna que otra visita a San Francisco para que los médicos intentasen que Alberto recuperase cierta, algo, poca sensibilidad en su pierna maltrecha.
Puig lo intento. Y lo intentó como nunca antes nadie ha intentado volver a correr, volver a sentirse piloto, volver a pelear en la pista. El coraje, la valentía, la decisión, la determinación, el ejemplo de Alberto Puig fue tan bestia, tan admirable, que meses después viajó sin saberlo nadie a Mallorca, a Palma. Y allí, en la soledad más absoluta, alquiló una Honda CBR y se fue a la autopista del aeropuerto. Y se puso a más de 200 km/h. Y se acercó al guardarrail de la autopista porque quería saber, quería sentir, si era capaz de soportar el vértigo que supone correr a esa velocidad lamiendo el guardarrail.
Esa fue una de las muchas experiencias que Puig probó antes de decidir dejar su profesión, su ilusión, su sueño. Porque quería decir en el momento de su adiós lo que dijo rodeado de los suyos: "Me voy pero que quedo tranquilo", dijo el 18 de noviembre de 1997. "Nadie lo intentó tanto como yo. Jamás me podré reprochar nada, porque el coraje y el valor de volver a intentarlo es lo que hace grandes a los hombres, independientemente de los resultados de su carrera deportiva".
Aquel día, Puig dijo algo más. Dijo algo que le convirtió en el más grande ganador de todos los tiempos. "No he podido ser campeón, pero no me siento un perdedor". Los perdedores son los que hacen grandes a los vencedores. Sin perdedores no habría vencedores. Pero la grandeza de Puig se demostró antes, durante y después del accidente. No sólo fue grande en el dolor, fue grande a la hora de asimilar que su momento había pasado, se lo habían robado, y crear un futuro enorme, inmenso, tricampeón para otro.
Porque la revancha de Puig de aquel dolor, de aquella herido, de esa lesión que aún ahora le persigue, que no le deja viajar en avión sin dolor, caminar sin pasar desapercibido, ha sido crear un fenómeno, un clon, que, tras conquistar tres títulos mundiales, aspira a ganar lo que él tuvo entre sus dedos: el título mundial de MotoGP. Para eso se unieron, para eso se conocieron, para eso convirtieron Puig y Dani Pedrosa su sociedad, para ganar el título grande. Todo lo demás está bien y merece una fiesta. Pero no merece un libro para la historia. Por eso no hay ningún libro sobre Pedrosa. Porque Puig y Pedrosa consideran que la coronación sólo se consigue si ganas el título de MotoGP.
"Era el más pequeño, el más ligero y pensé: si ha tenido valor de llegar hasta aquí, es que ese niño tiene mucho coraje", dijo Puig de Pedrosa cuando el 'tri' tenía solo 13 años y Puig traicionó, no sólo el espíritu, sino hasta la letra del reglamento de la MoviStar Activa Cup para que Pedrosa cumpliese, paso a paso, todas las etapas. Y ahora está en la última, en el Mundial de MotoGP. Y visitamos Le Mans. Y puede que Dani no piense en ello. Pero yo, sí. Yo estaba allí y jamás, jamás, olvidaré aquel momento. Ni siquiera 15 años después. Porque, sin ganar, sin título, Alberto Puig fue, ha sido, un ejemplo para todos. Y hace bien en no sentirse perdedor. Puede que perdiera esa batalla, pero su inmenso coraje le ha hecho ganar la guerra.

http://www.motocuatro.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1137:alberto-puig-y-la-maldita-curva-de-le-mans&catid=77:si-lees-no-conduzcas&Itemid=420




CAPÍTULO 9

09/03/2012
EL TALIBÁN CONCEPTUAL
http://esteesunmensajeparami.blogspot.com.es/2012/03/el-taliban-conceptual.html

Hace tiempo trabajé patrocinando a Alberto Puig, mánager del piloto Dani Pedrosa y un tipo bastante particular. Un día presencié una conversación en la que le decía a Dani que, si era capaz de hacer un buen tiempo en una vuelta, no entendía por qué no lo hacía igual todas las vueltas.

Recuerdo una carrera de exhibición de supermotard donde estaban todos los pilotos del momento: Crivillé, Alzamora, Biaggi,… Debo de recordar que Alberto es cojo de una pierna y llevaba retirado 10 años. A pesar de ello, Alberto quedó segundo en aquella carrera superando a decenas de profesionales en activo. Cuando llegó al box me lancé emocionado a felicitarle. Alberto se quitó el casco. Me miró con extrañeza, contrariado, y espetó: “Mira, yo he venido aquí a ganar y si no, no hubiese venido”

Alberto es un tipo muy peculiar y, lo que es peor, creo que algo se me ha pegado.

Después de 5 años de intensa relación, me di cuenta de que el mensaje había calado en mi. Podría resumirse así: Si tienes una convicción, lo lógico es actuar en consecuencia.

Es sencillo de verbalizar, si, como cualquier convicción, pero lo importante es ser fiel a ella y poner la energía y el esfuerzo para actuar de forma coherente hasta que el esfuerzo se automatice y deje de serlo. En definitiva, es cuestión de entrenar la habilidad.

Si digo que hay que trabajar en equipo, debo de interiorizar el concepto, creérmelo y actuar en consecuencia. Siempre. No hay excusa para perder tiempo en una vuelta. Si considero algo una prioridad, debe de serlo y debo de aplicar el tiempo, la atención y la dedicación que le corresponde. Si algo debería de hacerse de una manera diferente, no se a que espero para hacerlo.

Si, luego hay factores que dificultan la coherencia, pero somos una sociedad que tendemos a acomodarnos en la excusa.

Lo suyo es tener menos convicciones, pero más firmes.



 CAPÍTULO 10


04/03/2012
http://manxcatmotosport.blogspot.com.es/2012/03/alberto-puig.html

EL TIGRE
Antes de convertirse en sombra, para lo bueno y para lo malo, de Dani Pedrosa, este tipo que a veces muestra un carácter agrio y cortante al gran público, fue la gran realidad del motociclismo español durante un período de tiempo que tristemente duró poco. Los que nacisteis en los setenta, como yo, que os enganchasteis a esto de las motos en el paso de la infancia a la pubertad, que ya tenéis algunos años a vuestras espaldas y muchos recuerdos en la retina, sabéis de lo que hablo e imagino que guardaréis en el disco duro de vuestra memoria aquellas carreras que nos hicieron soñar con el que posiblemente se hubiera acabado proclamando primer español campeón del mundo de 500, pero la “puta” mala suerte, siempre se cebó con este barcelonés, que como Piloto no mereció la historia que le tocó vivir.

Hay personas que merecen un gran homenaje por parte de nuestra afición, pasan los años y se va notando que queremos poner en su sitio a grandes Pilotos y personajes de nuestro motociclismo, como a Santiago Herrero, cuya memoria ha recibido, no hace mucho, el honor de tener una curva en el Circuito de Albacete o Ramón Torras que fue recordado en el mismo evento, pero faltan muchos homenajes a valerosos Pilotos que dieron su salud por el amor al deporte de la moto y técnicos que dieron fama a nuestras marcas a nivel mundial, una fama que aún tiene calado en la afición entendida de otros países. Uno de estos serios aspirantes a recibir algún día un gran homenaje de la afición es el Piloto del que os hablo hoy, Alberto Puig, que es de los que dio su salud por amor al deporte que practicaba y que no se conformó con hacerlo bien, quería ser el mejor, pero en ocasiones lo que quieres y la realidad chocan con consecuencias desastrosas.

Para conocer la situación actual de algo o de alguien, debemos comprender lo que ha llevado a ese algo o alguien a alcanzar esa situación, de este modo podemos tomar en consideración el porqué de las cosas y tener nuestro propio juicio de valor. Os voy a mostrar quién fue Alberto Puig, siempre bajo mi perspectiva, claro. Al joven Alberto le salieron los dientes montando en moto y deportivamente comenzó con el cross para pasarse después a una disciplina bastante más templada, que le permitió darse a conocer, ya que no se le dio nada mal, ese deporte era el trial y lo practicó en la época que comenzó a forjarse otro de los grandes nombres de esta especialidad como es nuestro campeonísimo Jordi Tarrés. En 1985 prueba con la velocidad debutando en el Criterium 250 con una JJ-KTM, con una pole en el Circuito del Jarama y caída en carrera, según él mismo declaró después de la caída “Nadie me avisó de que había que calentar los neumáticos en velocidad”. Después de un par de años de brega en diferentes competiciones nacionales, en 1987 hace el europeo de 250 y debuta en el mundial también del cuarto de litro, acabando 5 carreras. En 1988, Ángel Nieto lo ficha para acompañar a Carlos Cardús con una Honda RS 250, pero no hay continuidad con este proyecto y al año siguiente hace el mundial con una Yamaha privada, siempre batallando con máquinas que no daban de sí, todo lo deseado.

La década de los noventa tiene un comienzo prometedor, Yamaha lo quiere de manera oficial, la cosa pinta bien pero una caída en Japón en unas pruebas de pretemporada le destroza la pierna derecha, el destino conspira para que Alberto no consiga sus objetivos. Puig arrastró esta lesión durante las dos temporadas con la Yamaha oficial. En el 92 vuelve por sus fueros con una Aprilia y concluye el año con un par de podios. Sito Pons lo ficha de cara a 1993 y lo hace para pilotar una NSR oficial, la cosa vuelve a pintar bien, pero este año los problemas vienen también por culpa de una caída en pretemporada y la posterior falta de adaptación a la moto y los neumáticos, la situación parece no tener visos de mejorar aunque a final de año cuaja varias buenas actuaciones que le devuelven confianza en sus posibilidades, además a final de temporada se produce la ruptura de Sito y Alex Crivillé, quedando la NSR 500 del Team Pons libre, además Honda no quería a la primera opción de Sito que no era otro que John Kocinski, de modo que siguiendo una sucesión natural de acontecimientos Puig hereda la 500 de Crivillé de cara al año 94, su primera temporada en el olimpo.

Pero Puig no llega a la categoría reina simplemente por que Alex Crivillé abandona a Sito y Honda veta al de Little Rock, por aquellos entonces a Alberto Puig le gusta el supermotard y todos los años se celebra en Francia el Guidon d’or, donde los grandes Pilotos de todas las disciplinas se baten para conseguir el honor de ser el mejor de todos al final de temporada, era una carrera de campeones, Rainey, Gardner, Lawson, Chambon, Bayle, etc., se pegaban entonces por conseguir el título de manillar de oro, esta tradición se ha perdido ya, pues como os comentaba, llegó el señor Puig de la Rosa y los ganó a todos. Esto supuso que varias voces como la de Antonio Cobas o la del propio Wayne Gardner hicieran ver que a Alberto Puig no le sentaría mal pilotar una 500. Otros grandes Pilotos no tuvieron buenas sensaciones con la 250, como por ejemplo Rainey y se salieron en el medio litro.

El año 94 fue de adaptación a la bestia de 500, que no lo era tanto para el Tigre, que se permitió, aunque de manera efímera liderar incluso alguna carrera y hacer un podio en Alemania, a pesar de todo los problemas físicos volvieron a aparecer en forma de síndrome compartimental en los antebrazos.

Y llegó la temporada de la explosión de su pilotaje, 1995, con dos rivales con motos como la suya pero oficiales de verdad, Mick Doohan, que al fin había conseguido alcanzar el campeonato el año anterior, que además tenía una filosofía respecto a la competición muy parecida a la del español, y Alex Crivillé que era la promesa de HRC, que también estaba comenzando a cuajar muy buenas actuaciones en la categoría reina. Puig, al principio no contaba en las apuestas ya que la temporada tampoco comenzó muy bien para Alberto en las primeras carreras, pero llegó el Gran Premio de España en el Circuito de Jerez, y al fin un fin de semana en el que salió todo como merecía, dominó la carrera y saboreó las mieles del triunfo en casa con toda la afición, no podía ser otro el lugar donde eclosionara el pilotaje de Puig, tenía que ser en Jerez. ¿A cuántos Pilotos habremos llevado en volandas hasta la victoria? Y los que quedan. Esta victoria será posiblemente la primera de mi lista de mejores momentos vividos como aficionado, ya que para mí, si había un Piloto que merecía alcanzar el triunfo, ese era Alberto Puig. Después de ese GP, llegaron un quinto puesto y otros dos podios, siendo el segundo de ellos, en el Circuito de Assen con una lucha hasta la última curva con Doohan y Crivillé, que le robaron la cartera in extremis, pero Alberto ya había conseguido lo que realmente debía importarle en aquel momento, más que cualquier otra cosa, había alcanzado la sensación que necesita todo aquel que corre en moto y logra ese feeling para ir realmente deprisa, estaba en la cresta de la ola de su pilotaje y lo sabía.

En el GP de Francia celebrado en Le Mans, todo parecía presagiar otra gran lucha entre el australiano y los catalanes y se produjo lo que nunca tenía que haber pasado, Alberto lo quería todo y luchando por su primera pole, perdió la moto a final de recta y se estampó contra las protecciones a más de 250km/h, destrozándose la pierna izquierda. A partir de aquí, calvario de operaciones y recuperación eterna. Sito no podía permitirse tener la NSR en el garaje y sentó a un joven Carlos Checa, que al igual que su predecesor se salió con actuaciones increíbles, el recuerdo de Alberto comenzaba a difuminarse en la mayoría, además Crivillé también estaba consiguiendo el feeling de ganador, pero esa es otra historia, como decía, la mayoría empezaba a olvidar al Tigre, excepto unos pocos y dentro de ese grupo de unos pocos, el que menos podíamos imaginar salió a reivindicar el nombre de Alberto Puig, su primer rival en ese momento, su compañero de equipo Carlos Checa.

La temporada 1996 comenzó con Alberto encima de la moto, pero Sito no podía bajar a un Checa que estaba despuntando, por lo que alineó motos para ambos Pilotos, a Alberto le surgió un problema importante, medirse con un Piloto más joven que él y con unas dotes fuera de serie, pero quién iba a decir que su compañero, lo admiraba sinceramente desde que lo vio por vez primera en vivo en Can Padró. Carlos escribió una emotiva carta para dar todo su apoyo a su rival a sabiendas que era su mayor enemigo, un gesto que le honrará de por vida. Esta carta fue publicada en la revista Motociclismo y aún hoy se me pone la carne de gallina al recordar el texto. Por desgracia las lesiones de Puig, eran más fuertes que su coraje, que quedó patente un año después del accidente, precisamente en el GP de Francia, que cambió su sede al Circuito de Paul Ricard, debido precisamente al accidente del año anterior, consiguiendo su último podio en 500, ya que las solicitaciones de esa pista a su pierna izquierda eran menores que en el resto de circuitos del Gran Circo. Alberto concluyó esa temporada y otra más y se retiró al no conseguir mejorar, a la temprana edad de 30 años.

Después ha desarrollado varias funciones en diferentes trabajos, siempre en la orbita del mundial de motociclismo, hasta que se cruzó con él, la búsqueda de nuevos talentos y sacó de un plumazo a tres buenos elementos, Casey Stoner, Dani Pedrosa y Toni Elías, quedándose a la sombra del segundo desde entonces. Sinceramente, ese papel no me gusta, ya que siempre es el encargado de salir a la defensa de Dani en los momentos tensos, quemando su imagen, pero es lo que él ha elegido, tal vez buscando alcanzar esa meta que el destino le arrebató, deseo que lo consiga y que la vida le dé ese mundial en la categoría reina que mereció conseguir, aunque sea desde el muro. Para mi, Alberto Puig siempre será “El Tigre” y mis recuerdos sobre él siempre se centrarán en esos grandes momentos de esfuerzo extremo y triunfo, por que triunfó, aunque el destino le pagara con “sólo” una victoria. Muchos se han quedado en el camino.

1 comentari:

Beatriz ha dit...

Gracias a tí! Es un placer encontrar buenos aficionados a este maravilloso mundo de la motos!

Un beso. bea